individuo. En consecuencia, el individuo no se puede
considerar como si fuera el origen del marco en el que actúa.
En esta obra, y al contrario de lo que hacen habitualmente los tratados
de microeconomía, insistiremos muy particularmente en el marco
institucional que suponen los modelos estudiados. Por lo demás tal marco
es generalmente bien extraño, e incluso muy sorprendente, en el caso de
la competencia perfecta, un modelo privilegiado en microeconomía que nada
tiene que ver con la idea que se tiene usualmente de la “competencia”
incluso “perfecta”. No se está pues lejos de la utopía. Ahora, será que
la vocación de la economía política es proponer utopías?
París, marzo 25, 1998
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